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Sep 06
2010
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No está de más que los forestales, que gestionamos carbono y que de una forma u otra estamos metidos en este negocio, nos paremos a pensar sobre si existen motivos razonables para cuestionar el cambio climático antropogénico.
Mi amigo Rubén, Ingeniero de Caminos en Logroño y colaborador ocasional de Agresta, nos manda estas reflexiones sobre el tema.
Hace 127.000 años, hacía tanto frío que a duras penas los mamiferos más lanudos podían sobrevivir en las resecas y limosas estepas que bordeaban el gran glaciar de casco que cubría Europa y Norteamérica, es decir, por ejemplo en Inglaterra. Sólo 4.000 años después, en el periodo llamado Eemiense, en ese mismísimo lugar, los hipopótamos se sumergían en las charcas lodosas intentando ahuyentar el espantoso calor. A escalas incluso pequeñas, el clima cambia como el tiempo en Escocia. ¿Sabe esto nuestro premio Nobel de la Paz Al Gore (digno sucesor en el premio de Henry Kissinger, por cierto)?
En la temprana Guerra Fría, además de alertar al mundo de los riesgos de la guerra nuclear, la comunidad científica -aunque ni tan ancha ni tan mediática como hoy- ya alertaba a la sociedad del riesgo de cambio climático. Sostenían que las emisiones de particulas y aerosoles que la actividad humana producía estaban reduciendo la insolación que llegaba a la superficie terrestre y que, de seguir así, el planeta, debido a la actividad humana, iba de cabeza a una nueva glaciación, ¡al enfriamiento global! ¿Es que eran idiotas? En absoluto. Resultaba que entre 1940 y 1970 la temperatura media mundial bajaba apreciablemente (en España por ejemplo, el invierno de 1956 marcó registros fríos nunca conocidos y que aún no se han superado). Además ya se conocía en aquella época que había en los registros fósiles del hielo una buena correlación entre partículas en suspensión y enfriamiento, y nunca había habido más particulas en los registros que en industrioso mundo de los 50s. Uniendo las dos cosas, parecía evidente que el hombre estaba alterando el clima, y así lo aseguraban muchas teorías científicas.
Pero resulta que, indiferente a la actividad humana, la temperatura media marcó un punto de inflexión a principios de los años 70s y empezó a subir decididamente. A mediados de los años 80, la Thatcher, con motivo de su cruzada contra la industria de Occidente en nombre de la reconversión (lo que a la larga, por cierto, nos ha llevado a la Gran Recesión) y buscando argumentos para calzarse la extracción de carbón y a esos mineros rojos que tantos problemas le daban, se aferró a las primeras voces de alarma de algunos científicos que argumentaban que el incremento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) por la actividad humana provocaban un efecto invernadero y que el planeta iba de cabeza al calentamiento global. En los años posteriores la parte más mediática de la comunidad científica, algunos ecologistas que arrimaban el ascua a su sardina y los medios de comunicación han continuado alarmando en esa dirección. ¿Son idiotas? Muchos sí, pero el resto notablemente lógicos, pues, al igual que en la anterior ola de pánico al clima, la del frío, hay inquietantes signos. Entre el año 1970 y 2000 la temperatura media mundial ha subido apreciablemente (aproximadamente 1 ºC), al tiempo que la concentración de dióxido de carbono y existe en los registros fósiles una cierta correlación entre concentración de dióxido de carbono y calentamiento.
Por ejemplo, durante el Oligoceno la concentración de CO2 varió de 1500 partes por millón (ppm) a 500 ppm (Pagani, 2005), y el clima se enfrió apreciablemente (hoy estamos en unas 460 ppm). Fue la época en que la Antártida empezó a acumular hielo. Pero lo que no queda claro aún es si la reducción del CO2 es causa del enfriamiento... ¡o su consecuencia! El principal sumidero de carbono es el mar. El mar es capaz de disolver más gas cuanto más frío está, por ello cuando hace frío, la cantidad de CO2 y metano en el mar aumenta drásticamente (gran parte de ese carbono queda fijado como carbonatos) sustrayéndolo de la atmósfera. Cuando las temperaturas suben, ocurre al revés. En cualquier caso es un proceso de retroalimentación positivo. Pero qué fue antes, ¿el huevo o la gallina? ¿el CO2 o el calor?
La verdad es que aún no están claras demasiadas cosas. La relación entre CO2 y calor son claras, así como entre partículas en suspensión y frío, pero para nada está claro que unas sean consecuencia de la otra o si es al revés. El clima ha cambiado mucho a lo largo de los períodos geológicos, en los que obviamente no hubo intervención humana, por lo que es preciso incorporar nuevos parámetros para poder explicar el clima, como la actividad solar, rayos cósmicos (implican nubosidad) y actividad volcánica, entre los más notables. Pero se trata de parámetros muy complicados de medir y modelar, al contrario que la concentración de CO2, que es fácil de medir y fácil de modelar mediante el concepto "forzamiento radioactivo", que viene a describir cuántos W/m2 inciden sobre la superficie de la tierra. Como unas cosas no están claras y otras sí, es propio de cualquier técnico o científico (¡somos así!) coger lo que encaja en una regresión y dejar fuera lo que no, creando modelos demasiado simples pero que nos valen si sus resultados nos gustan.
Así, el IPCC (International Panel for Climate Change), pagado y mantenido por la ONU, que agrupa a unos diez mil científicos, muchos realmente muy reputados y honestos trabajadores, ha venido publicando desde su creación sucesivos informes acerca de las previsiones de calentamiento del planeta bajo distintos modelos, centrados críticamente en la concentración de CO2. Los informes, si bien no tan alarmistas como lo que cuenta la tele o el Boletín de Greenpeace, muestran una clara tendencia al calentamiento en los años futuros. Sus informes, si bien son interesantes y posiblemente el producto más sofisticado en cuanto a clima que actualmente se produce, tienen cuatro pegas fundamentales:
- La primera es que hay científicos que, pese a la impopularidad de ser escéptico (en seguida se les acusa de estar a sueldo de las petroleras, ¡qué más quisieran los pobres!) disienten abiertamente de metodología y conclusiones (y no conozco a ninguno que disienta de la Ley de la Gravedad o de las Leyes de la Termodinámica, o sea, que tan claro no está).
- La segunda es que los científicos han recibido importantes presiones para que las previsiones sean "adecuadamente" alarmantes, lo cual se ha podido ver muy claramente en el reciente escándolo que se ha denominado Climate Gate.
- La tercera es que los que difunden los informes son los políticos y los medios de comunicación, que no se han leído el informe (son tochos de aúpa) quienes siempre exponen tan solo algunas de las conclusiones, especialmente las sensacionalistas o los escenarios marginales y más extremos.
- Y la cuarta es que les pasa como a Rappel y... ¡no se han cumplido las predicciones! Los informes del IPCC dan previsiones para distintos parámetros para distintos años horizonte (2010, 2020 y mucho más allá). Como quiera que ya llevan casi veinte años emitiéndolos, se puede verificar el grado de acercamiento entre la realidad y la previsión. No sólo el calentamiento no se acelera según las previsiones (y menos en las capas altas de la atmósfera, una de las piedras angulares de toda la teoría), sino que los datos de observaciones indican en los últimos años una tendencia a la estabilización o incluso a un leve enfriamiento. (No es muy científico, pero pensad en los últimos inviernos en España). A medida que vayan pasando los años iremos viendo en qué quedan las previsiones, pero por ahora, apuntan a la chapuza.
Y si bien hay muchas cosas que no quedan claras en el asunto del clima, lo que sí está claro, en cambio, es que hay un alarmismo exagerado (recuerda bastante a la última ola de pánico de la Gripe A, de la que ya nadie se acuerda). Y también queda claro que hay cada vez más y más gente viviendo de toda esta historia del cambio climático, entre personas contando moléculas de carbono, divulgadores de la buena nueva, gente ocupando Secretarías de Estado (en España tenemos el ridículo puesto de Secretario de Estado de Cambio Climático, que trinca un pastón y tiene chófer) y mucha gente estudiando cómo va a afectar el cambio climático a las abejas, ríos, soja, cuadros (prometo que lo oí en la radio) ovejas, hígados y cualquier cosa por peregrina que sea. Y cada vez más gente recibiendo subvenciones por crear, comercializar o especular con productos ineficientes que se venden como "verdes" aunque sean menos verdes que prenderle fuego a un pila de neumáticos. Y sobre todo, muchos auténticos caraduras convirtiendo los derechos de emisión en papelitos que cotizan en un mercado, y sobre los que se construyen futuros y derivados. Goldman Sachs, grandes ecologistas de toda la vida, es una de las empresas que más dinero gana en el mercado internacional de derechos de emisión. Kyoto ha hecho mucho daño. Por suerte, no parece que vaya a renovarse semejante desatino después de los patinazos de la última cumbre del clima de Copenaghe.
Así que, pese a que los calentistas tratan de desprestigiar a los escépticos llamándolos "negacionistas" (¡como se llama a los que niegan el Holocausto!) y a que el bombardeo en los medios de comunicación continúa, y a que el clima cambia de verdad por muchísimos motivos incluso a la escala de una vida humana, me atrevo a vaticinar que en los próximos veinte años dejaremos de preocuparnos de problemas imaginarios para centrarnos en los verdaderos (superpoblación y pobreza, cénit del petróleo y pérdida de biodiversidad).
Rubén Eguíluz
Como referencias básicas para introducirse en el escepticismo:
- Página de Goldman Sachs, esa buena gente, sobre "mercados ambientales".
- El documental "El gran timo del calentamiento global", disponible en muchos sitios, por ejemplo aquí.
- El blog de Antón Uriarte, un carbonero de primera, además de catedrático de Climatología.
- La lectura calmada, el espíritu crítico y la consulta de datos imparciales. De esa consulta sosegada podréis sacar cosas como las siguientes gráficas, realizadas por mí mismo de los datos meteorológicos de mi pueblo (hacedla para los vuestros, podéis tomar todos los datos precisos de www.ogimet.com, con un poco de trabajo, eso sí, la verdad requiere esfuerzo). Las rectas en color negro, por cierto, son regresiones lineales ¿Dónde está el calentamiento y la desertización de la que habla el IPCC? (Esto es más anecdótico que otra cosa, pues el propio IPCC reconoce que el calentamiento global no implica calentamiento homogéneo, y que algunas regiones podrían sufrir un enfriamiento en medio de un contexto de calentamiento. ¡Pero da que pensar!)

Iñigo Lizarralde
said:
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algunas aclaraciones Hola! Algunos ya sabéis que a mí esto de discutir sobre cambio climático me gusta y es de agradecer que se publiquen cosas así. Ahora bien, me gustaría hacer varios comentarios críticos al artículo: No acabo de entender la defensa del carbón que se hace, muy en la línea de Antón Uriarte, citado como referencia, además de cargarla de tintes políticos. El carbón, y esto es un hecho, es una de las energías más contaminantes. Otra cosa es que se quiera mezclar con las políticas de Thatcher y los “mineros rojos”. ¿No estábamos hablando de cambio climático? Como parte implicada, no me puede parecer bien que se meta en el mismo saco a toda la “gente viviendo de toda esta historia del cambio climático”. La gente que cuenta moléculas con Goldman Sachs y la Secretaria de Estado, olé! Por la misma regla de tres, podemos meter en el mismo saco al Ministro Alonso -impulsor desde su Ministerio, del Plan de Reestructuración y Reactivación de la Minería- con los “minero rojos”. Queda feo, ¿verdad? Pasando a cosas algo más técnicas, no vale exigir un nivel y después no ofrecerlo uno mismo. Según el artículo, se crean modelos demasiado simples, se mete lo que interesa y se quita lo que no. En primer lugar, si uno ha trabajado en modelización, sabrá que no puede “meter todo” en una regresión porque muchos problemas –sobre todo, la multicolinealidad- hacen que la ecuación no converja. Además, existe un concepto llamado principio de parsimonia que prioriza el modelo más simple posible, pero bueno, no me voy a extender en rollos estadísticos. A lo que voy es que se exige crear la superecuación pero luego se dan argumentos del tipo “ya sé que no es muy científico” o se afirma que “indiferente a la actividad humana, la temperatura media marcó un punto de inflexión a principios de los años 70s y empezó a subir decididamente”. ¿Indiferente a la actividad humana? ¿Me lo demuestras con datos o es dogma de fe? Mismo rasero, por favor. Casi acabando, una aclaración para no confundir al lector. Al decir que el IPCC (Intergovernmental, no International, por cierto) es pagado y mantenido por la ONU tienes toda la razón. Para algo lo crearon ellos mismos! Pero si seguidamente dices que agrupa a diez mil científicos, cualquier lector no informado podría pensar que la ONU paga el sueldo a diez mil tipos, cuando muy pocos de esos científicos son pagados por la ONU, más allá de las dietas cuando les encargan reunirse y escribir los informes del IPCC. Por último, dices que los informes los difunden los medios de comunicación. No seré yo quien defienda a los periodistas, pero la labor de los medios es la de difundir y el problema del mundo científico es que no sabemos difundir. Alguien debe hacerlo. Además, piensa que ahora mismo has utilizado un medio de comunicación para mostrar tu opinión, ¿cómo si no, das a conocer tus ideas? Sé que he soltado un rollo importante pero quería incidir en el espíritu crítico con el que se aborda el artículo. Y puestos a no desprestigiar a los escépticos, no desprestigiemos tampoco a los “calentistas” (negacionistas no mola pero calentistas si, no?) Un abrazo, Iñigo |
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Laura
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... Rubén, interesante visión aunque lo único que demuestras realmente en el artículo es que no Logroño no sería cierto decir que con esto del cambio climático cada día hace más calor. La verdad es que estoy confundida, demasiadas dudas ¿pueden estar miles de científicos y el 90% de la sociedad equivocados? ¿tiene algún sentido pensar que hay una conspiración a escala mundial? ¿qué Goldman Sachs venda certificados de carbono es motivo para desprestigiar el protocolo de Kioto entero? De todo lo que cuentas sólo tengo clara una cosa: a mí también me preocupa más la superpoblación, la pobreza, el cénit del petróleo y la pérdida de biodiversidad que el cambio climático |
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Pedro Pablo
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... En primer lugar apuntar que algunas de las cuestiones estadísticas expuestas me parecen desacertadas: hay que recordar que los números lo aguantan todo y que a priori las variables deben de tener alguna relación de partida lógica (me gusta recordar un estudio de hace algunos años en el que se daban valores de relación muy altos entre !!!!nº de cigüeñas y nº de bebes nacidos¡¡¡¡...). Por otro lado los gráficos expuestos: ¿regresiones con sólo 8 datos?, ya te digo yo que mucha validez no tienen. Hechas estas aclaraciones, ahí van mi razón para posicionarme como calenturiento, perdón: "calentista": las soluciones que se dan para atajar el supuesto problema son en si mismas positivas; ¿acaso no es buena estratégica llevar a cabo un consumo racional de la energía?, ¿no lo es fomentar la gestión y ampliación de los bosques del planeta?,¿o es pernicioso liberar de humos las ciudades potenciando transportes públicos y bicicletas?. Desde el cariño... |
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Cole
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... Muy interesantes tus reflexiones. Michael Crichton en su tecno-thriller “El Estado del Miedo” (interesantes las citas que tiene y demás) planteaba algo similar a lo que comentas pero en este caso eran eco-terroristas los conspiradores. En tu caso entiendo que "culpas" a los poderes fácticos de atemorizarnos y mantener esa visión apocalíptica del asunto. Yo no manejo la información que tú tienes pero es un hecho demostrado que las concentraciones de CO2 (y en general gases efecto invernadero, GEI) en la atmósfera debidas a causas antrópicas han crecido en los últimos años tras la industrialización, y salvo que pronto se descubran/implanten fuentes de energía "limpias" parece que con el desarrollo de países como China, India y Brasil la cosa será potente. Cuando me imagino a todos esos chinos que en 1998 vi en Pekín en bici en un carro... Yo entendía que la relación entre el aumento de la temperatura y las concentraciones de CO2 estaba clara y entiendo que según tus reflexiones lo que no está tan claro es la relación causa-efecto. También creo entender que según tus comentarios las emisiones de CO2 debidas al hombre no son muy representativas en el conjunto de las emisiones que se producen de forma natural y que por lo tanto el aumento de concentraciones de CO2 en la atmósfera no es debido a nuestras emisiones. No obstante, en la línea de lo que dice Pedro Pablo, a mí me parece que aunque todo fuera falso se están dando importantes consecuencias positivas con esta historia del cambio climático. Hasta incluso los políticos han tomado parte y se han comprometido a reducir las emisiones de los países y como consecuencia se está reduciendo el consumo de combustibles fósiles buscando alternativas a los mismos, lo que a mi entender, es claramente positivo para el planeta. Otra cosa es, y en eso creo que estoy de acuerdo en lo que se plantea, que alrededor de esta historia del cambio climático hay oportunistas que están sacando partida de esto mediante la especulación, la generación de desigualdades, la corrupción, etc. También es cierto que pese a las aparentes buenas intenciones de Kioto también se están haciendo cagadas. Creo que los que pensamos que se pueden hacer cosas por cambiar el mundo, deberíamos potenciar la cosas positivas de esta historia y ser críticos con las negativas. Deberíamos hacernos parte de la historia y trabajar en esas líneas positivas, trabajar en la generación de un mundo mejor desde la acción, desde el trabajo con las manos, generando cambios a mejor. Decir que el cambio climático es una patraña, suena interesante por lo revelador y contrario a la mayoría, pero en la mera crítica sólo veo el engrandecimiento del ego, del yo, del ser diferente, la realización personal. Me parece bien, pero me quedo con el planteamiento de alternativas, soluciones y propuestas de mejora. Creo que ha sido un logro que la UNFCC haya llegado a metas vinculantes que a mi entender están llegando a alguna cosa buena. La convención de desertificación y la de biodiversidad no lo han hecho y la cosa sigue a peor. O ¿también será una gran mentira la desertificación y la perdida de la biodiversidad?, o mejor dicho, serán la pérdida de biodiversidad y la desertificación consecuencia de la historia de la tierra sin que el hombre tenga nada que ver en ello?. Kioto puede ser un gran fracaso en muchas cosas y seguramente las negociaciones fueron malas pero sus objetivos parecen razonables. De ser una gran mentira mundial, me cuadran sus consecuencias positivas (pese a tener importantes negativas) y el respaldo que tiene de entidades e individuos independientes. Tenemos mentiras bushianas tipo “El eje del mal” en las que no encuentro consecuencias positivas…. |
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Pau
said:
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re-flexionando al final de la jota, el tema del calentamiento global ha permitido que algunos se enriquezcan traficando con cromos, es cierto. Pero también ha permitido que mi generación sea consciente de que existe el medio ambiente y hay que cuidarlo. Del reciclaje. De la sostenibilidad. De Goldman Sachs. Y un largo etcétera. Los recursos destinados a vivir en un medio ambiente mejor enriquecen a algunos, pero alguna porción se destina a conseguir evolucionar más sosteniblemente. Creo que las consecuencias son más positivas que negativas. Es mi opinión personal. Saludos, Pau |
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